Autonomía

Notas para las Revoluciones del Siglo XXI

LA OTRA CAMPAÑA
(Conclusiones: II y última)


Había pensado publicar al menos tres columnas de conclusiones, pero las cosas cambian. En primer lugar esta columna debe incorporarse a la resistencia que se actualiza con la Convención. Esperemos que no nos caigan con una dogmática divina, como nos pasó en la Otra Campaña (la del EZLN), en la que los adoradores de Marcos solamente admitían la discusión de las formas de adoración del citado líder. Ojalá que este que nace sea un movimiento de raigambre distinta, en tanto, desde esa trinchera recomenzaremos. Esta es pues la última entrega de “La Otra Campaña”, me quedo con la esperanza de que algún día reviva.

II

La sociedad por si sola genera sus castas, las alimenta y las sostiene hasta el último momento en que vive. La sociedad crea a sus poderosos; que estos sean de carácter gandalla, autoritario; perversos o angelicales es producto de las posibilidades que una formación social contiene. Marx muestra que para este sistema la concentración de riqueza le es inherente, y con ello todo lo que implica, empezando con la creación de castas de poderosos que por generaciones se apoderan de los países y de las gentes. Podemos verificar esto por donde miremos. En los círculos televisivos, en los de la política, entre los industriales, etc. etc. desde hace muchos años que son los mismos, las mismas familias. De padre a hijo se turnan riquezas y poderes. Los actores estelares de TELEVISA son hijos de padres que a su vez fueron actores estelares de la empresa. Del mismo modo, los políticos encaramados en el poder son hijos, parientes o protegidos de quienes fueron políticos de primer nivel. Salinas fue hijo de ministro, de Cárdenas todo mundo sabe la historia y tenemos que dejarle ahí para no provocar pruritos.
Pero esos privilegiados son producto y necesidad para el sistema, son hijos del sistema y piensan y sienten como el sistema en tanto que son humanos. Esto es, son hijos de su circunstancia. Unos de mala fe, otros de buen talante y de mejor intención, pero todos pugnan por la mejoría del sistema. Luchan por lo único que entienden y pueden entender. Para ir contra el sistema se necesita estar fuera de él, haber nacido fuera de su seno o ser expulsado de alguna manera.
Castoriadis mostraba una terrible angustia cuando reconocía que el sistema condiciona de tal manera que llega a perderse la línea que divide el condicionamiento de la determinación. O sea, si bien es cierto que no podemos admitir el determinismo conductista, si debemos aceptar el sobre condicionamiento del sistema para con la gente, que es lo que permite entender la apatía generalizada. Pero en todo caso las neurociencias arrojan resultados sorprendentes, de donde se desprende que la gente puede llegar a ser controlada a tal grado que los personajes de ficción de la novela “Un mundo Feliz” parecen de caricatura.
Lo cierto es que las mismas neurociencias aportan datos que nos indican que aún en medio del más terrible control, cada individuo contiene elementos de fuga que atentan contra el control que padecen. Así que la cuestión en la actualidad es como atacar o hacer que prosperen esas líneas de fuga que minan el control.  O lo que es lo mismo, la lucha social puede ir en sentido de “mejorar” al sistema o de crear un mundo nuevo. En el primer caso “mejorar” significa sostener involuntariamente las tendencias dominantes del sistema, o sea, sostener a los ricachos y poderosos aunque un nuevo arreglo pueda significar que escurran mayores dádivas hacia los jodidos, esperando en el mejor de los casos, que las líneas de fuga, omnipresentes en todo lugar y circunstancia, a la larga acaben minando al sistema. 
En el caso de la creación de mundos nuevos, habría que tener presente que estos no garantizan nada de lo que conocemos y damos como bueno. De ellos pueden surgir horrores o paraísos. Sin embargo son la única posibilidad de que el sistema no se perpetuará a nuestras espaldas, valido de nuestra movilización en pro de un cambio. Pero crear un mundo nuevo no se logra por la sola movilización de la gente, hay que movilizarse para abonar la vida colectiva, darle posibilidades materiales de existencia a los colectivos, rehacerlos, recrearlos, inventarlos para que en ellos surjan las nuevas posibilidades. En la creación de nuevos mundos no se puede jugar al Mesías, estos personajes tuvieron su papel en la historia y en los grados de control que actualmente se tienen no caben, lo que un Mesías construye en un día, los medios lo deshacen en unos pocos segundos.
La Otra Campaña del EZLN y la movilización social pejeciana pueden elegir entre “mejorar” al sistema o intentar otros mundos. Marcos creyó erróneamente que invitando a la autoorganización se lograrían destapar otros planetas. Tierna ingenuidad de nuestro admirado personaje, porque todos pensamos como el sistema, todos somos priístas, así que lo único que podemos proponer son formas de organización priísta, o sea, acarreo o más de lo mismo.  A la gente había que proponerle acciones de sobre vivencia, pero no porque por ahí se fuese a conseguir algo, sino porque por ahí “podría” surgir algo; en tanto que se estaría reforzando la autonomía de la gente, se estaría reforzando la posibilidad de que la gente escapara un poco al control que sobre ella ejerce el empleo, la educación y otros factores (punto aparte son los medios). O sea, hay que construir autonomías de base material y no solamente volitivas.
La movilización pejeciana solamente es interesante porque encierra la posibilidad de  minar el control social, no porque lleve siquiera en germen alguna propuesta inquietante para el sistema. Por ello debemos apoyarlo, porque abre alguna verdadera posibilidad de cambio, pero a la vez es necesario aclarar hasta el hartazgo que el camino es el de la búsqueda de autonomías, fíjese bien, el de la búsqueda, no el del encuentro de autonomías. No podemos decir desde ahora que es autonomía y que no, podemos criticarlas, más no censurarlas. (Hasta aquí lo publicado en el ahuejote).

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A los esclavos de la antigüedad les garantizaban el sustento, ahora vivimos en el terror de cuando nos despidan del empleo. La derecha está empecinada en explotar este terror, la izquierda en administrarlo. Alguien debiera preocuparse por erradicarlo, por convertirlo en un impulso vital, creativo.

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Recibo algunos mails con improperios como este: “por dios, deja de decir tanta pendejada”. O sea, si no eres de mi tribu no oigo, si no dices lo que entiendo son pendejadas lo que afirmas. Me reconforta saber que no son del comité pro defensa de la libertad de expresión.

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Los movimientos sociales tienen su propia personalidad por más que conserven la marca de sus líderes. Nacen de modos impensados, la mayoría de las veces muy diferentes a como los llegamos a idealizar. Los imaginamos como movilizaciones organizadas en las que la gente participa con miras claras y concretas; pero en realidad nacen como quieren guiados por una luz en la oscuridad a la cual se va siguiendo a tientas movidos por la fe y el deseo de que haya algo más. La luz en la oscuridad suele ser la voz del líder, aunque bien pueda ser la esperanza que se niega a morir.

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El peje mostró los tamaños y no parece huir hacia adelante como Cárdenas. Puede no gustar a muchos, pero está abriendo alguna posibilidad de cambio. Hasta hoy hemos medido al Peje de una manera ordinaria,  ojala que acabemos midiéndolo de la cabeza al cielo. Sería sano que Marcos dejara la capucha por un momento para poder ver bien cuanto mide. AMLO y Marcos, juntos o cada quien por su lado pueden ser el agua que necesita esta nación acostumbrada a los caudillos. Aunque Marcos ya marcó su distancia del Peje, las circunstancias podrían reunirlos, ya que los caminos no.

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Hace mucho tiempo que quienes no aceptamos nada que no sean construcciones concretas de caminos que lleven a la autonomía entramos en resistencia, no fue por convicción, ni siquiera lo deseamos, fue solo que ya no tuvimos a donde ir. Nos marginamos de los perredistas, nos corrieron los zapatistas y en el plantón de reforma acabamos desencantados. Resistir, pura pose necia la nuestra, es cierto, pero no nos da la gana aceptar voluntariamente lo que a guevo se nos impone.

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Es una ventaja ser de la raza jodida, puedes disfrazar de protesta a tus resentimientos y a tus frustraciones las puedes vestir de propuestas de democracia, de justicia y de libertad. A tu lucha cotidiana por el bolillo la puedes transformar en marchas, mítines y plantones y no hay nadie que dude de tu sinceridad. Pero al margen de todo eso, puedes algún día darte cuenta de que nunca estarás en la marcha de las estrellas, entonces, es cuanto te empiezas a sentir libre, empiezas a saborear el hecho de estar vivo. Sabes entonces que eres parte de la creación, aunque el responsable ande de fuga.

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La resistencia tiene un significado muy claro entre la raza jodida: No morirse de hambre, negarse a avalar pendejadas, resistir a la degradación.

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No podemos ignorar que estamos en tiempos parecidos a los romanos en donde el único camino que aparece como posible es el de la integración al sistema. Dos alucinaciones son típicas en esta etapa: una, que se puede ingresar al sistema e intentar desde adentro un cambio. Esta alucinación karateca (o sea usar el impulso del sistema en su contra) es una de las más persistentes, ya que parece muy posible, pero más de uno nos hemos topado con la amarga realidad de que el sistema acaba imponiendo sus usos y costumbres, y los que persisten en ello terminan como corruptillos u oportunistas. Acá en Xochimilco la intenté hasta con los bejaranistas sin lograr (con nadie) tan siquiera un minuto de su atención. Por más que intentaba explicar que había que diversificar la acción política y no concentrarse en lo electoral, jamás consintieron siquiera alguna acción individual distinta a lo electoral. Mi caso sería provinciano y aislado, pero compañeros actuando a niveles de dirección del partido, como Pedro Castillo, han obtenido resultados parecidos. Aún más, si fuera a nivel del PRD no habría mayor problema, la cosa es que fuera del PRD es lo mismo, sean organizaciones ciudadanas, ultras, guerrilleras, etc. etc. etc. El priísmo comanda toda acción política. Quizá llegue el momento que los mismos señores beneficiarios del sistema añoren la aparición de sus bárbaros.
La segunda alucinación típica es que al sistema se le cambia mediante una revolución armada, una movilización masiva, o una acción concentrada contra el sistema (al estilo Bolchevique). La revolución Rusa nos enseñó que mientras el cambio no se de desde abajo, lo único que crearemos serán nuevas modalidades de los mismos horrores. Nuevos amos sustituirán a los antiguos y decrépitos y se inaugurará una nueva época de explotación del hombre por el hombre.
El imperio romano era igual de asfixiante, por ello los judíos de los tiempos de Cristo propusieron la revolución de la vida propia teniendo como centro a Dios. La novedad pronto dejó de serlo, pero por su eficiencia pronto fue integrada al sistema y persiste hasta nuestros días con un buen grado de operatividad. Ciertamente que la religión ya no es lo que fue, pero nadie le quita su eficiencia en el control de la gente.
Hoy ya no es posible revivir la revolución “cristiana”, que fue una revolución volitiva, en donde la voluntad jugaba un papel primordial. Y no es posible porque los medios masivos de comunicación se han apoderado de la voluntad colectiva. Insistir como los marxistas en “crear consciencia” es seguirle el juego al sistema, es lo mismo que pretender “ser bueno” para ganarse los favores divinos.
Los piratas, los vendedores ambulantes, los asentamientos irregulares, los peseros, los taxistas, los tianguistas, entre otros, nos enseñan que el camino es el de la construcción de islas económicas entrelazadas, en donde la consciencia y la voluntad jueguen un papel secundario.
Si los medios se valen para el control de la manipulación de la consciencia y el control de la voluntad, toda búsqueda de nuevos caminos deberá de excluirlas de su programa. ¿Contradicción en los propios términos en los que se enuncia la anterior tesis? Si así fuese habría una cierta correspondencia en tanto que se rompería la lógica lineal imperante. Sin embargo la cosa es harto simple: la consciencia es uno de los productos del pensamiento, al igual que la razón, la ciencia, el conocimiento y otros desarrollos del mismo. Pero así como hay pensamiento, existen otras funciones cerebrales (intuición, representación, premonición, ideación, etc., etc.) que no requieren de la consciencia en un primer plano para funcionar. ¡Esas otras posibilidades de ser son las que hay que rescatar si se quiere algo de eso que intuimos como CAMBIO!

Jorge Luis Muñoz
Sep. 06

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